Hambre emocional: Cuando lo que nos falta no es comida, sino palabras
- Maruza Castillo Nájera Muldoon

- 24 mar
- 2 Min. de lectura
¿Te has preguntado por qué, aunque comas, hay ocasiones en las que te sientes vacía?
Tu forma de relacionarte con la comida revela la forma en la que te relacionas con las personas y deja ver las emociones que se ocultan tras tu forma de comer.
La búsqueda de amor a través de los alimentos
A través de los años que llevo tratando personas con padecimientos alimentarios, me doy cuenta de que lo que casi todos los pacientes buscan en los alimentos es amor. Este amor toma diferentes significados:
l “Me amo a mí misma a través de los alimentos”
l “Lo que no encuentro en las personas, me lo brinda la comida”
Y así, he escuchado frases que revelan las necesidades profundas que se ocultan en las diferentes formas de comer.
Casos reales: Las emociones detrás de la alimentación
El caso de Silvia: La necesidad de ser escuchada
Pongamos el ejemplo de Silvia, una chica de 21 años, hija de padres muy ocupados que la dejaban sola en casa. Ella tenía que recalentar la comida que le dejaba su madre. Por ello, Silvia prefería acudir a casa de una tía que le proporcionaba comida caliente, recién hecha y platicaba con ella de sus amigos y su escuela.
Cuando muere esta tía, Silvia presenta problemas estomacales: diarreas frecuentes y falta de apetito, por lo que solicita atención nutricional. La nutrióloga la refiere conmigo pues se percata del fondo emocional que subyace al problema físico. De esta manera, se le indica un tratamiento integral por medio del cual Silvia va trabajando su problemática y conectando su relación con la comida con la necesidad de sentirse escuchada.
La historia de Omar: La comida como refugio ante la agresión
Otro ejemplo nos lo brinda Omar de 35 años, quien consulta por padecer atracones recurrentes con la consecuente culpa después de los mismos. Esta situación lo lleva a deprimirse y acude a tratamiento nutricional.
Nuevamente me es referido por la nutrióloga y pudimos ver que el padre de este joven controlaba su forma de comer con agresiones. Le arrebataba la bolsa de papas para tirarla al suelo o le pellizcaba las llantitas diciéndole: “Pareces puerco”. Omar se sometía en silencio, pero en la escuela compraba todo tipo de comida y comía hasta reventar.
Sanando tu historia personal
Podría nombrar muchos otros ejemplos, pero basten estos dos para connotar cómo la comida sustituye la falta de amor, comprensión y trato amable. Esto es necesario en los casos en los que el sufrimiento lleva a producir síntomas alimentarios que hay que analizar para saber qué historia se oculta debajo de los mismos.
Si tienes algún problema en tu forma de comer y no sabes cómo solucionarlo, no dudes en pedir ayuda.
Haz una cita con nosotros en Kairós Centro. Estamos para escucharte.




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